15 Jul Anidar
1 de Julio de 2020
Busco piso.
Después de muchos meses –muchos– de husmear por Internet, sólo para ver qué hay, he dejado el rastreo virtual para empezar el pateo real, porque en algún momento hay que ponerse un tope y decidir una fecha, y el 2020 simbolizaba perfecto como engranaje: un blog y un nuevo nido, dos refugios donde volver a empezar. Necesito irme. En este año tan extraño, en el que el mundo ahí afuera está parado, el mío, por dentro, se mueve.
Desde aquí arriba, oteo la ciudad y me pregunto en qué barrio me espera esta madriguera que sueño con los ojos abiertos. Le pido a las nubes un parque grande y abierto donde jugar con Surya, donde caminar y respirar y sentarme a estar. Les pido esa zona que siempre me gustó, por las afueras, junto a la ronda, para saltar enseguida a la carretera. Voy más allá y anhelo con fuerza una terraza desde la que vea el mar, y siento un latigazo de pudor, como si estuviera aspirando a demasiado.
Cuando encuentre mi nido os voy a matar, susurro a mis fantasmas. Uno a uno y para siempre.

Desde hace ocho siglos, este lugar está vacío. Reconquistado a los árabes, en 1251 Jaume I autorizó a sus gentes la bajada a la llanura (plana) desde el castillo (castello) para fundar allí la ciudad que compone ese nombre. Aquí vuelven sus habitantes cada Marzo, para rememorar aquel éxodo de sus antepasados, que fue de noche, según la leyenda, con candiles enganchados a los palos para guiarse y rollos de pan en el cuello de los niños; los dos símbolos -el rollo y las cañas, atadas con una cinta verde- de la romería que, como todas, está llena de sentimentalidad y celebración. Aquí hubiesen subido justo el fin de semana en el que se decretó el confinamiento, y aquí he venido hoy, primer día del séptimo mes, cuando empieza la segunda parte del año, con mi propio simbolismo: yo también voy a bajar a la llanura, y me pregunto dónde podré establecerme.
Da igual entonces que ahora, y da lo mismo si es para cambiar al pueblo de al lado o a la otra punta del mundo: una vez haces las maletas, por muy distintas que sean las circunstancias, la motivación es la misma: cambiar, progresar, conseguir, realizarse, experimentar. Intentar estar mejor.
Todos migramos.

El mar brilla y el tráfico trajina, pequeño, como en un scalextric silencioso. Estar aquí arriba, sentada bajo los pinos, es un regalo para los sentidos, pero ahora recurro al sexto, que siempre tiene razón. Tengo más de veinte inmobiliarias en la agenda y una larga lista de visitas tachadas, pero mi intuición me ha visto muchas veces callejeando con dolor de cuello, mirando hacia arriba; siempre veo un cartel colgado de una barandilla que me envía una corazonada, y siento que es ése. Y llamo y subo y al entrar lo recorro despacio, y lo reconozco, como si hubiese estado ya allí, y sé que ya he dejado de buscar.
Y que merezco habitarlo.
Mi nido está allí abajo, y quizá es él el que va a encontrarme a mí.
Maria Rosa Belvis Marti
Posted at 23:45h, 15 julioAsí será buscadora, tu nido está ahí.
LabalanzadeSiete
Posted at 12:30h, 16 julioCruza los dedos, porque sé que quieres lo mejor para mí.