Asomarse

Asomarse

16 de Abril de 2020. Treinta y cuatro días de cuarentena

Tener como deberes una entrada de diario de viaje en pleno confinamiento suena a broma -un poco sádica, porque te revuelve aún más las ganas- pero si de algo está sirviendo esta cuarentena es, entre otras varias cosas, para reafirmar, asentar, machacar mi deseo, que desde hace tanto tiempo viene a ser lo mismo que mi objetivo, de hacer del viaje y la escritura una misma cosa. Que eso pueda ser mi sustento ya es otro cantar.

Leo el diario de Herzog y pienso cómo le cunde la vida a alguna gente, cuánta creatividad es posible, porque hacer películas a mí me parece complicadísimo. Me hago otro café y mientras veo el documental me pregunto cuándo llegará mi turno en Latinoamérica. A veces lo más importante es lo que más postergas, esperando el momento perfecto que, en todo caso, ya no puedo ir postergando demasiado. El otro día Meneses decía que para viajar se necesita una estructura -me lo apunté- y me impactó porque precisamente, por una vez en la vida, quisiera librarme de todas con las que cargo -que ya son bastantes- y emprender un viaje sin ninguna de ellas: sin planificación, sin calendario, sin más intención que la sorpresa absoluta, con la libertad de improvisar -me quedo un poco más, mañana me voy- dada sólo por la apetencia, por la curiosidad, por la intuición, abierta cada día a lo que ese día quiera regalarme.

Viaje lento como vida lenta.

En estos días de cuarentena, el mapa del pasillo es mi ventana.

¿Me cuentas tú?

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