Atreverse a volar

Atreverse a volar

Relato de la semana para Creativos en Otoño. Pista: «La libertad se aprende ejerciéndola». Clara Campoamor

6 de Octubre de 2023

Miró atentamente el mostrador. Conocía de sobra todos los pasteles, pero aquel día era especial y así quería que fuera también su momento dulce, el único que se permitía en toda la semana. Hoy quiero la tarta de chocolate con moras y arándanos, y además del café, un batido de vainilla. ¿Con nata? sonrió la camarera, guiñándole un ojo.

Mucha.

Hoy es mi cumpleaños, pensó al sentarse en su mesa de siempre, junto a la ventana. Me lo debo. Guardó en el bolso el libro que acababa de regalarse. Sabía que la única pregunta que habría al llegar a casa, si lo llevaba en la mano, sería, ¿otro libro? ¿para qué quieres tantos, si se leen una vez y ya te los sabes?

Suspiró.

El día era perfecto: una lluvia intensa anunciaba la llegada del frío, y eso significaba largas tardes frente a la chimenea, con una manta amorosa y esos pasadizos secretos por los que, al pasar las páginas, se deslizaba sigilosa, intentando evadirse de su realidad.

¿Qué he hecho con mi vida? ¿Adónde han ido los años? Las preguntas ya no son ésas, le respondió la mujer reflejada en el cristal, las dos llegan tarde. La pregunta que debes hacerte ahora es: ¿hasta cuándo vas a seguir huyendo?

Los libros no se acaban nunca, respondió ella, desdeñosa. Si me he pasado la vida viviendo otras vidas, bien puedo seguir así hasta que me muera, total, ya no estoy a tiempo de nada, y el desánimo se le clavó en el pecho con una pena que le escoció el alma. ¿Ya no estoy a tiempo de nada?

Se arrebujó en el chal que le cubría los hombros, hundidos por el peso de todas las cargas. Necesito saborear lo que me queda, dijo, cogiendo un sobrecito de azúcar, necesito cada día, a todas horas, y le dio la vuelta para apuntar la frase que le había tocado esa semana. La libertad se aprende ejerciéndola, musitó, anonadada por el impacto de reconocer que eso era lo único que no tenía en aquella jaula de oro en que se había convertido su existencia.

Toma, le dijo a la camarera de repente, sacando el libro, éste no voy a poder leerlo. Voy a estar muy ocupada. Y probó la tarta de chocolate, viendo su reflejo sonreír en la ventana. 

¿Me cuentas tú?

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