Aunque nadie te vea, yo sí

Aunque nadie te vea, yo sí

Relato de la semana para Creativos Enredados. Pista: aunque nadie te vea, yo sí

13 de Enero de 2023

Se asomó al borde de la plaza. Los jardineros estaban retirando los árboles y plantas que la habían transformado, durante un mes entero, en un brillante decorado de fantasía, y ahora se la veía tan desangelada como su ánimo. Un grupo de barrenderos fumaba en una esquina, esperando con paciencia a poder recoger el confeti, los trozos de bolas rotas y el empacho general con que se termina, cada año, la navidad.

Observó despacio, protegida detrás de uno de los soportales. Los ocupantes de la plaza iban llegando, acomodándose cada uno en su rincón, como si de una oficina se tratara y el sitio estuviera asignado por antigüedad. El mimo, la adivinadora, el músico, el timador, otro más allá, dos en el extremo. Todos, advirtiéndole con la mirada que allí ya no cabía nadie más.

Ella se hizo aún más pequeña dentro del enorme chal que la abrigaba. No era suyo, como nada de lo que llevaba puesto, y no sabía cómo le quedaba, porque hacía ya tiempo que dejó de mirarse en un espejo. La última vez que lo hizo, en el albergue en el que se duchaba, vio a una mujer que no reconoció; demacrada, con la piel tan seca como un pelo que, en poco tiempo, se había vuelto gris. El miedo de las noches en la calle le había espantado la mirada y apenas la levantaba, incapaz de soportar que alguien pudiera reconocerla cuando le tiraban distraídamente una moneda en la bolsa de tela que dejaba a sus pies.

Nada era suyo, salvo la mochila y la vergüenza.

Se puso en marcha sin rumbo fijo, procurando pasar desapercibida entre la gente apresurada y triunfadora, recordando con desesperación que ella también lo había sido, que había tenido su casa, su coche, su familia y una vida de la que ya no quedaba nada, y no lo entendía, porque eso les pasaba a otros, pero nunca, jamás, a nadie como ella, y se asustó cuando alguien la sacó de la multitud y la metió en un portal.

 No me conoces, le dijo la mujer, pero estate tranquila. Pasas por aquí cada día, y aunque nadie te vea, yo sí. Y me parece que ya es hora de que vuelvas a verte tú.

 Cuando entraron en el piso, lloraban las dos. Y reían. A la vez.

¿Me cuentas tú?

Escribe un comentario