Cuando madruga la casualidad

Cuando madruga la casualidad

Relato de la semana para Creativos Enredados. Pista. tren, silencio, chica corriendo, herradura

3 de Marzo de 2023

Notó el codazo, pero no podía parar, y gritó un lo siento ahogado mientras sorteaba a la gente que se iba acumulando a lo largo de las aceras, como serpientes sibilantes que desaparecían en las bocas de metro. Estaba amaneciendo todavía y parecía ser ya tarde para todo.

Odio vivir tan lejos, odio tener que correr todo el día, pensó, mientras iba sorteando, en un zigzag frenético, el río de gente que se hacía cada vez más denso, y echó a correr, ahora sí, desesperada, por el borde de la calle, intentando ignorar el claxon enfurecido de los coches.

Llegó a la estación justo a tiempo. A tiempo de ver cómo el metro arrancaba despacio, lleno hasta reventar de ojeras y rutina, y se derrumbó en el banco, mientras el escozor de los ojos le advertía que sería inútil intentar no llorar.

No me digas que tú también ibas a la entrevista de la editorial, le dijo él, sentado a su lado, y ella parpadeó, ¿cómo lo sabes? y él sonrió, porque llevas pegada la misma identificación que yo, y ya ves, yo también me la voy a perder.

No era una prueba cualquiera, lamentó ella, sorbiéndose los mocos, era la oportunidad de mi vida, y él se echó a reír, eso nunca se sabe, si has perdido el tren es por algo, igual no te convenía, y ella le miró de reojo, sintiéndose incapaz de aguantar filosofía barata a aquellas horas de la mañana, y aún más sin desayunar.

Tengo muy mala suerte, suspiró, enredando entre sus dedos el pequeño colgante en forma de herradura que llevaba al cuello, todo se me escapa como este metro, justo cuando estoy a punto de subir, y no es verdad -antes de que me lo digas- que los trenes pasan continuamente, que llegará otro, porque no es cierto, los trenes se pierden, como las oportunidades, y nunca se pueden recuperar.

Esos no, le dijo él, pero llegan otros, ¿o no te pasa que después de empeñarte tanto en algo, te das cuenta de que no te convenía y dices, menos mal que no me salió, porque me llegó otra cosa mejor? Igual que hoy, por ejemplo, y él sonrió al ver su cara, sí, hoy.

Si no hubiéramos perdido ese tren, yo no te hubiera conocido.

¿Me cuentas tú?

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