Por las dos

Por las dos

8 de Marzo de 2022

«Nunca he hecho lo que he querido».

Ay, mamá. Todos los días oigo tu voz, pero algunos me resuena como si hubieras puesto en mi cabeza altavoces de un millón de vatios. Cuando leí por primera vez empoderamiento me entusiasmó y, aunque luego me empezó a chirriar, la he rescatado, y aquí la tengo, dándole vueltas, sin entrar en lo que veo ahí afuera, lleno de -ismos, de ruido y de rivalidades, este año no, este año necesito silencio, porque me he replegado también en esto, pero empoderada resuena y resuena, imponiéndose, y si tuviera ahora que explicártelo, te diría sencillamente que es hacerse cargo de una misma, que parece obvio, pero no lo es.

Hacerse cargo, manejar tus asuntos, decidir cada día qué, cómo, cuándo, cuánto, por qué y para qué, en cada pequeña cosa, porque así, cuando llegan las grandes, estás preparada. Nos atosigaron tanto y nos mandaron tanto que hasta a los coaches, pobres, les he dejado de escuchar, porque ya no soporto un consejo más, una orden más, una jaula más. Fui parando, mientras el mundo seguía girando en su vorágine, y desde ese momento sólo me escucho a mí. Nunca he hecho lo que he querido, ésa ha sido la frase de las dos, mamá, pero yo estoy a tiempo de añadir lo que recito cada día a todas horas como un mantra, «quiero hacer lo que quiera a partir de ahora», invocando un futuro que sueño a mi medida y que no quiero que diseñe nadie más que yo, sin importarme si es lo que toca, lo que se espera, lo que conviene o lo que se supone que debería hacer; sólo lo que deseo, me remueve, me emociona o me apetece.

La mayoría de ataduras las elegimos nosotras, las mujeres, poniendo a todos por delante, y cuando te diste cuenta era tan tarde que tus cadenas estaban ya oxidadas, pero yo me he empeñado en romper las mías, aunque voy despacio, porque a cada martillazo me aseguro de dejarlas trituradas. Si pudiera pedir un sólo deseo sería volver a tener diez años, y sentarme a tu lado junto a la chimenea, con el lápiz en la mano y un diario recién comprado, con su llavecita diminuta y su filo dorado, listo para estrenar. Me he quedado tan sola que ahora lo entiendo todo, y me desespera haber perdido tanto tiempo, pero no me rindo. Cada uno del resto de mis días voy a intentar hacer lo que quiera, madre, y lo voy a hacer por las dos.

Aquí estan totes.
¿Me cuentas tú?

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