El lujo es el aire

El lujo es el aire

31 de Julio de 2021

El toldo estaba roto, la caldera no respondía, el parquet tenía arañazos por todas partes, las puertas estaban desencajadas y la cocina iba a ir directa al ecoparque, porque no valía la pena ni intentar arreglarla.

Eso fue lo más evidente que vi los primeros días. Después, conforme escudriñaba palmo a palmo, abriendo armarios, comprobando cajones y enchufes y persianas, la lista se fue haciendo más larga. Demasiado.

El piso no tiene tantos años como para estar tan machacado y me cuesta entenderlo, yo que cuido tanto las casas y las cosas, porque para mí no son sólo casas y cosas: tienen alma, como cofres que guardan las historias que allí se han vivido y se liberan al abrirlos y se percibe enseguida, como me pasa a mí, cómo ha sido tratado ese espacio. Nada más entrar supe que por allí había pasado gente bruta y marrana a la que le da todo igual y que nunca sabrá que, cuando yo termine, haré dos limpiezas muy a fondo: primero la física…y luego la otra, que dejará este nido a cero y preparado para que la única energía que lo habite sea la mía.

La lista disparaba el presupuesto y sobre todo el tiempo, que se iba alargando conforme intentaba encontrar profesionales que me daban una sorpresa tras otra: unos hacían unas cosas si también les daba otras, a la mayoría no les compensaba “sólo reparar” e intentaban que fuese una reforma integral que no necesitaba (!), otros ni siquiera me llegaron a devolver las llamadas. Todos están desbordados.

Todo se ha complicado.

No me queda más remedio que aceptar que estoy a merced del caos y la pandemia, y del furor que le ha entrado a todo el mundo por hacer reformas después del confinamiento.

Yo, que en el colegio detestaba las manualidades, aquí estoy viendo tutoriales de bricolaje, procurando hacer lo máximo con lo mínimo, y susurrándole eres mi casa, te he buscado durante tanto tiempo y ahora te voy a curar, tranquila, voy a respetar lo que tienes, a rescatar lo mejor de ti, a ponerte bonita, y tú harás lo mismo conmigo, me curarás, reparando mis grietas sin hacer ya más escombros, me darás paz y cobijo, y nos haremos compañía, la una a la otra.

Hoy, aún no sé qué día podré mudarme. Unos han cumplido, otros me han engañado, algunos no pueden avanzar porque los materiales no llegan y todos vienen a ratos sueltos, para mi desesperación. Pero se han cambiado los toldos, se ha lijado el parqué, el calentador es nuevo, he podido tunear un poco la cocina y los baños, y están pintando.. Es suficiente. Donde aún vivo están desmontadas las estanterías, bien fajadas, y en el pasillo voy dejando las maletas apiladas, Nun está encantada con las cajas que se acumulan en el salón y el grandón de Surya, pobre, me mira con ojos espantados, porque casi no tiene sitio ya para moverse.

Yo visito mi nido cada día y, en el espacio vacío, inundado de sol, dejo entrar el aire nuevo y miro el mar, allá enfrente.

Los únicos lujos que quería.

¿Me cuentas tú?

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