El paraíso de enfrente: Islas Columbretes

El paraíso de enfrente: Islas Columbretes

7 de Julio de 2020

Cerrar los ojos y dejarse mecer. Bajar el volumen a lo que aún resuena en la mente hasta apagarla del todo, poco a poco, para adormecerse con el chapoteo dulce de las olas.

En los paraísos, el silencio es limpio y no hay cobertura.

Ya no quedan serpientes en aquella Ophiusa con la que toparon los navegantes griegos en su exploración del Mediterráneo, antes de llegar a tierra firme, a unos 60 km. El mismo impacto produjo a los romanos, que las llamaron Colubraria, y para nosotros son, sencillamente, las Columbretes que, en días muy claros, se adivinan desde la costa.

La pujada al far

A finales del XIX el fuego acabó con los sibilantes habitantes que le habían dado nombre y sólo la frecuentaban pescadores de la zona, contrabandistas y piratas; ingredientes perfectos para una buena novela de aventuras. En 1860 se inauguró el faro en la mayor, Illa Grossa, la única habitada. Junto con la Foradada, la Ferrera y el Carallot, forman un conjunto volcánico único protegido como Reserva Marina con unas 5.500 ha de paraíso.

La pau des del vaixell

La travesía dura unas tres horas desde el puerto de Castelló -se sale también de Oropesa y Peñíscola- y en sí misma ya es una gozada si te gusta disfrutar, simplemente, de la navegación. De estas fotos, recuerdo la ida como un paseo apacible al sol -y una cesta de cervezas heladas a la sombra- y a la vuelta me sigo viendo aferrada con fuerza a la barandilla de la golondrina, que subía hasta lo alto de la ola y se dejaba caer, de golpe, inundando de espuma la cubierta: este mar tiene fama de tranquilo -sobre todo comparado con el Cantábrico- pero también se encabrita si hay viento, y me dio por pensar en lo que debe ser la vida cotidiana de los grandes mercantes.

Hoy, un día siete del mes siete de este año tan extraño, si pudiera elegir dónde escapar, sería al mar: en medio de la nada, dejándome mecer en esta sensación de ingravidez.

Vista des de dalt

Una vez fondeados, da tiempo a todo: bucear un rato, comer y relajarse, pero no te pierdas la visita guiada desde el Port Tofiño: dura un par de horas entre la observación de fauna y flora hasta llegar al faro, conservado tal y como lo ocuparon los antiguos fareros; con su escalera de caracol en hierro fundido, los suelos hidráulicos, la vieja radio y la baraja para entretener las eternas horas en blanco y negro de otros tiempos.

Cuando el atardecer me devolvió a puerto, mi cansancio sabía a sal y libertad. Y con escaparme allí he soñado esta noche.

Sembla Grècia, però és Castelló

Te dejo toda la información práctica sobre las salidas en http://www.visitaislascolumbretes.com/. Para saber más, te aconsejo visitar la exposición permanente en el Centro de Información de la Reserva Natural de las Islas:

Planetario de Castelló, Paseo Marítimo nº1

Grau de Castelló (Castellón), 12100

Tel. +34 964 288 912 – +34 964 285 161

email: parque_comlumbretes@gva.es

¿Me cuentas tú?

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