24 Feb En blanco y negro
Relato de la semana para Creativos Enredados. Pista: claqueta de cine, paraguas con lluvia y caballito de tiovivo
24 de Febrero de 2023

Siempre llueve en las películas antiguas. En alguna esquina se apoya un galán con el cigarrillo a medias, sostenido con desdén entre los labios y la ceja arqueada mientras la lluvia va empapando su abrigo y los taxis salpican las aceras de Brooklyn. Ellas no, ellas sostienen un paraguas que las protege de la pasión y el abandono y el desamor que tú me enseñabas, desde pequeña, para contagiarme tu afición por el cine de los años de Hollywood, aquellos que habías vivido en paralelo y allí eran dorados y aquí negros, en este país pobre y arrasado por la guerra que se asomaba al glamour los domingos por la tarde para evadirse un rato de su propia amargura.
Mira, éste es Robert Taylor, me decías, y ése John Wayne, y Cary Grant, impecable, y Gregory Peck, el más elegante, y Ava Gardner, menuda ella, y Greta Garbo, fíjate, pero a mí el que más me gustaba era Humphrey Bogart, ya ves, con su labio partido, su pinta de duro y el sombrero ladeado, el más curtido de todos aquellos hombres implacables que por dentro no lo eran tanto y acababan rindiéndose ante ellas, que llevaban toda la película tirando y aflojando y yo las imitaba en el espejo, entrecerrando los ojos como Bette Davis, con la estola de pieles y los collares de mamá alrededor del cuello y dejando un hombro libre para quedar más seductora, aunque mi historia favorita, la que me tuvo enganchada toda la vida era la de Spencer Tracy y la más grande entre las grandes para mí, Katherine Hepburn, y más con las cosas que se supieron después y yo te contaba y tú no querías creértelas, porque desmontaban los mitos que te habían acompañado tantas noches de insomnio y no dejabas que nadie te los ensuciara, empañando una imagen perfecta que había que conservar, porque al fin y al cabo, eso es el cine ¿no? una ilusión, sin más, como quizá sea la vida, dando vueltas constantes que suben y bajan como aquellos tiovivos de las fotos de tu infancia, que dan vértigo y a la vez emoción, las dos cosas que me embargan cada vez que miro la cartelera y ya no puedes aconsejarme, ahora que la claqueta de tu película se ha quedado muda para siempre.
¿Me cuentas tú?