Y al séptimo, se escapó

Y al séptimo, se escapó

21 de Marzo de 2020

Esta noche he estado aquí. No es un destino lejano y exótico, no sale en las listas de los paisajes más impactantes, ningún «influencer» lo busca para hacerse fotos espectaculares. Pero es un oasis.

El mío.

Esta noche me he escapado a mi lugar, a mi rincón, al que siempre acudo y siempre me arropa. Y nunca me falla.

He abierto la ventana con la ansiedad de una Wendy que en realidad envidia ser Campanilla, y el aire ha removido las cortinas como si fueran alas, dejándome clara la señal. En un segundo estaba sobrevolando la ciudad apagada, disfrutando en la cara la lluvia con olor a sal.

Así es mi playa de cabecera en mi hora favorita.

Platja del Gurugú.

Hacía mucho frío, a pesar de estrenar hoy la primavera. La franja de claridad ha ido pasando de lila a amarillo a naranja, muy poco a poco, como si supiera que necesito estirar el tiempo antes de volver a encerrarme en casa.

De repente, lo que era una línea de bruma ha ido creciendo hasta parecer una ola de energía, un enorme tsunami de calor y libertad. Mi playa sabe lo que necesito cuando la busco, y siempre, siempre me lo da.

Este momento es mío: cuando el día se está estrenando, cuando parece que el tiempo podrá abarcar todo, cuando el aire es limpio y aún fresco, cuando los sueños parecen posibles.

Cuando el sol es nuevo y me regala un espectáculo diario, gratuito, mágico y grandioso.

Esta noche he estado aquí y me ha despertado la lluvia contra los cristales, aún era oscuro, y me he querido quedar un poco más en mi playa de cabecera, la que veo y camino y respiro normalmente, en esa vida cotidiana en la que encontrábamos mil cosas de las que quejarnos, hace sólo dos semanas.

Parc del Litoral.

                                                Les fotos corresponen a la matinada d’Any Nou de 2019.

¿Me cuentas tú?

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