17 Ago Infierno
17 de Agosto de 2022

La desolación que campa por todo el país ha llegado hasta mi casa, dos veces en una semana, al otro lado de la Ronda. Esto no es calor, es otra cosa. Me pregunto cómo pueden soportarlo en el Sur, durante tantos meses, y me pregunto si, al fin, el año que viene podré estar por el Norte todo el tiempo que pueda. Un verano más me quedo sin viaje, pero no se me ocurre quejarme. Con las persianas medio bajadas durante el día, el nido se queda en penumbra y me paso las horas del día en el ordenador, y las de la noche, en el aire tibio de la terraza, leyendo hasta las tantas, sin horarios ni despertador. Como cuando me apetece y lo que me apetece, y dejo pasar los días lentos y tranquilos en el que siento es el mejor refugio del mundo. Nun dormita todo el día cerca de mí y Surya es el que peor lo pasa, saliendo lo justo y pudiendo pasear sólo por la noche, cuando se empieza a poder respirar.

Nos acercamos al centro. La ciudad está vacía y la recorremos despacio, después de cenar, para comprar un helado enorme que Surya me deja comer sólo a medias, impaciente hasta que me rindo y se lo doy. Agosto ha sido así; lento, con esa humedad que te hace sudar nada más salir de la ducha con sólo moverte, duchas varias y rápidas con sólo agua, porque sólo son para soportar el aire caliente y sofocante que sólo da una tregua al amanecer. Al volver a casa, de madrugada, esto es lo que aún marca el termómetro de la avenida.

¿Me cuentas tú?