¡La Balanza cumple un año!

¡La Balanza cumple un año!

31 de Diciembre de 2020. Nochevieja

Las fotos.

Con todos los meses que llevaba pensando el blog, probando y montando y escribiendo y soñando, no había encontrado ninguna foto que me sirviera, porque -al menos de momento- tenía claro que quería salir de espaldas, protegida por un anonimato que me libera.
Entré en pánico, porque sólo podía contar con mi vieja y apañada compacta y la paciencia más grande que conozco, que accedió a hacer de fotógrafo sin serlo, y a repetir una y otra vez, sin quejarse, sin apurarme, disfrutando de ver una niña que posa, con los ojos brillantes de ilusión.

Nos fuimos a mi refugio en la montaña. Nunca me falla.

Hoy, exactamente un año después, miro esas fotos y me gustan muchas, pero cuando aquel pájaro se posó frente a mí, supe que serían ésas, en las que parece que le estoy contando que yo, al fin, también iba a echar a volar esa noche, cuando, al sonar las campanadas, soltara el blog a la red, dejándolo ir.

El meu refugi a la muntanya, on arranca la Serra d’Espadà.

Qué año.

No ha sido el peor ni el más duro -ni mucho menos- pero desde luego sí me ha traído, como a todos, experiencias a las que nos enfrentábamos por primera vez, que recordaremos siempre y que, seguro, veremos con perspectiva conforme vaya pasando el tiempo, porque lo único que está claro, es que aún queda, y que, como decían mis tías, no nos cuentan de la misa la mitad.

El confinamiento no alteró mi rutina, porque hacía tres años que me había quedado en casa, decidida a silenciar todo el ruido que en aquel momento tenía a mi alrededor, y, sobre todo, y el peor, el que chillaba dentro de mí. Me había aislado para descansar y cuidarme, para encontrar respuestas, para planear qué hacer y cómo, para volver a los apuntes y los exámenes, así que cuando llegó el encierro obligatorio ya estaba más que acostumbrada a hacer la compra por teléfono y recogerla por las tiendas del barrio, antes de cerrar la puerta de mi casa con el alivio de una ermitaña que se siente a salvo del mundo.

Ha sido un año de despedidas a miles, que, aunque sean anónimas, también escuecen. Pero, sobre todo, de adioses familiares, demasiados en tan poco tiempo, algunos casi seguidos, que me han producido una especie de anestesia emocional para encajarlos. La partida de mi padre, nueve años después de la de mi madre, cierra una década brutal, pero -ahora lo entiendo- necesaria para poder comprender Y empezar de nuevo.

Respiro hondo, como hoy hace un año, en que la palabra que más repetía inaugurando La Balanza era gracias.

He transitado este 2020 con salud: sólo por eso, ya tengo suficiente para una gratitud multiplicada. He sacado adelante unos parciales en los que no me podía concentrar. Pero, además, poco antes de terminar, como un premio de consuelo a tanto dolor, ha llegado ese nido que con tanta fuerza he buscado durante todos estos meses, viéndolo cada vez que cerraba los ojos y cruzaba los dedos.

Qué año.

Agotador, doloroso, crudo, egoísta, mezquino, envidioso, decepcionante.

Pero también revelador, emocionante, y lleno de esperanza.

La Balanza cumple un año y tengo mucho que hacer. Cambiar algunas cosas, dominar muchas otras, reconciliarme con esas redes sociales que tanto me cuestan, como ermitaña empedernida, pero que también me traen gente nueva, llena de cosas interesantes de las que aprender y enriquecerme.

Como tú, que me has acompañado este primer año. ¿Seguimos volando?

Feliz Año Nuevo
4 Comments
  • Koldo Aldai
    Posted at 00:25h, 05 enero Responder

    La Balanza cumpla, muchos, muchos años más…

  • Mónica
    Posted at 21:26h, 31 diciembre Responder

    Sigamos volando, claro que sí! Como la tórtola turca que apareció para la foto.

    Y qué acertadas me resultan todas tus palabras! Podrías dedicarte a escribir libros sin ninguna duda …

    • LabalanzadeSiete
      Posted at 22:48h, 04 enero Responder

      Gracias, Mónica! eso son palabras mayores, pero a ver qué pasa con un poco de tiempo y calma… un abrazo.

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