28 Mar Lo que viene
28 de Marzo de 2020. Once días de cuarentena
La adrenalina se está desplomando, y la realidad empieza a pesar.
Releo lo que sentía la primera semana y ahora, que nos esperan como mínimo tres más de confinamiento absoluto y meses de incertidumbre, se hace más consciente todavía.
Lo que se nos viene encima pinta como estas nubes.

Cojo un papel y escribo, bien grande, una de las palabras que más me gustan en todas sus acepciones: AUTONOMA. Que goza de autonomía, leo, que no depende, me digo yo, que sabe y puede apañárselas sola. Que es independiente, decidida y libre. Cómo suena.
Lo que significa en otro terreno me produce ansiedad sólo con pensarlo.
Me hago otra infusión. No más café.
Hace días que dejé de abrir lo que me llega y los ratos en las redes me los paso eliminando veneno. No soporto la visión de ningún político: unos me duelen, otros me enervan y los que quedan me asquean. Todos me han decepcionado.
Ni siquiera ahora, ni siquiera con esto.
Sigo asomándome a las ocho, sin saber si en mi calle está pasando lo que en tantas otras, donde la unión de los vecinos era un espejismo que se ha evaporado y están volviendo a ser los de siempre; mezquinos agentes de espionaje llenos de envidia y ruindad pero ahora, además, ociosos, lo que les hace aún más peligrosos.
La música en los balcones ya empieza a molestar.
Pasada la euforia de la primera semana, todo vuelve a ser lo que es.
Al menos los demás seres vivos están disfrutando ahí afuera de este respiro. Lo necesitan tanto como se lo merecen.
Hace dos días que mi banco ha descolgado los teléfonos, y no responden los correos.
Hace una semana la preocupación era descargarse series y visitar museos virtuales, dispuestos a pasar quince días de descanso y desintoxicarnos del estrés. La lista de buenos propósitos era más larga que la de Nochevieja y desde luego mucho más conmovedora. La de cosas que estábamos descubriendo de nosotros mismos quedándonos quietos.
Ahora el miedo vuelve a instalarse en el estómago de la mayoría, con la misma pregunta de hace sólo unos pocos años: qué va a pasar, cómo vamos a hacer frente a este caos, esta debacle, este desastre.
Otra vez, y peor que la anterior, porque en ésta la gente se está muriendo, porque el cerco se estrecha, porque empezamos a saber de alguien que está, más o menos conocido, más o menos cercano. Porque a nosotros aún no nos toca, y a nuestros abuelos no les tocaba así. Escuece. Aquí, en el confortable primer mundo, estamos desbordados, intentando manejar el estupor. Pero pienso en todos los países desprotegidos, que acaban de empezar.
Autónoma.
Que no depende, que es autosuficiente, que puede sola.
Que muta, como el bicho, y se transforma. Y se reinventa. Y sigue.
Y resiste.
Desenrollo la esterilla, prendo un incienso, inhalo lento, exhalo largo, aplaco al miedo, esperando que escampe, como las nubes.
Esto también pasará.
Supongo.
Carlos
Posted at 17:25h, 09 abrilMe emociono cada vez que te leo.
Gracias.