21 Mar Los primeros seis
20 de Marzo de 2020. Seis días de cuarentena
Y los que quedan, porque esto va para largo.
Pasada la euforia de la primera semana, la adrenalina se está desplomando, y la realidad empieza a pesar.
Hemos estado pegados a las redes a todas horas, pendientes de las noticias que cambian constantemente, del ingenio que tanto se agradece que nos haga reír (para eso somos únicos) y de organizar nuevos horarios, adaptar espacios para trabajar lo posible, planificar y acostumbrarnos.
La cosa empieza ahora.
Y ahora nos estamos dando cuenta de que las profesiones más necesarias, valiosas y valientes no son las más glamurosas ni, mucho menos, las mejor pagadas. Que la música, tan maltratada en los planes de estudio, es lo que hemos buscado cada día, con la misma ansiedad que al aire fresco, asomados a los balcones. Que los libros siempre están ahí, esperándonos, sin rencor por tenerlos tan abandonados. Que nos encontramos, quizá por primera vez, con quienes han estado viviendo enfrente sin que lo supiéramos, ni nos importara.
Necesitaremos tiempo para calibrar lo que nos está pasando, y sobre todo para saber si este parón obligado va a revolvernos lo suficiente por dentro, para poder cambiar cosas afuera.
Para entender las pistas que nos dan los canales transparentes de Venecia, y el aire limpio de París. Para comprender que el sistema económico que tenemos es una locura inviable y absurda que está explotando, sin que tengamos repuesto.
Estamos en casa, no en polideportivos habilitados con urgencia por un desastre natural. En nuestro nido, no en tiendas de campaña en un campo de refugiados. Estamos en nuestro sofá, nuestra cama, nuestra ducha, con todos los suministros y servicios básicos disponibles, los hobbies de cada uno y la conexión intacta a Internet (¿¿cómo es posible aburrirse teniendo Internet??). Sí, es un confinamiento, y yo no dejo de pensar que, al menos, estoy en mi casa. Pero ni siquiera en una situación de emergencia como ésta logramos ponernos de acuerdo, dejar de bramar por las redes, tener altura de miras, sentido de comunidad, de sacrificio, de cosas que suenan antiguas pero nos hacen aterrizar a la fuerza y aparcar por un tiempo tanta frivolidad obscena.
Había que parar.
Ahora habrá que ver si sirve de algo.
¿Me cuentas tú?