Señales

Señales

3 de Enero de 2023

Aquella Nochevieja me habían invitado a casa de alguien que no conocía. Llevaba saliendo con gente nueva desde el verano (bastante, para lo que yo soy) así que llegué encantada a aquel dúplex blanco y acristalado, cargada con dos bandejas de pasteles y la euforia de estar convencida de que iba a empezar el que sería, sin duda, el mejor año de mi vida. Así lo solté a todo el mundo, con el cava en una mano y las uvas en la otra, y me hice fotos con todos aquellos amigos recién estrenados, que brindaron por mi proyecto en la romería de bares que cayeron hasta el amanecer, y de los que me despedí con besos y abrazos y promesas de planes que se desvanecieron como las burbujas, por supuesto, conforme salió el sol de camino a casa.

En la caja de los eventos aún está el vestido de esa noche, que nunca más me he vuelto a poner, con la manía que se le coge a las cosas que marcan como si estuvieran gafadas. Aquel año me esperaba algo grande, algo que probablemente sólo viviría una vez, y eso llegó, sí, quedando sepultado en cuestión de semanas por el tsunami, que lo arrasó junto con todo lo demás.

Cada una de las doce nocheviejas que han pasado desde entonces las he recibido con cautela, sin atreverme a mostrar demasiada alegría, no fuera a ser. Es como una precaución que me autopreviene de celebrarla demasiado, y brindo con una sonrisita tibia y desconfiada, que sólo se atreve a decir cosas neutras como espero que este año tengamos salud, ojalá pase esto, tengo el deseo de… y no me atrevo a más. Por si acaso.

Es lo que hace el miedo.

Sin embargo, este año me remueve. Tiene el 2 de la introspección, de la preparación, de un calienta que sales que me pone las pilas. Y el 3 del movimiento, de lo nuevo que rasga y sale con ganas de hacer. Los dos suman 5, lo que se mueve aún con más fuerza, adentrándose en un plano nuevo, más alto, más complejo, pero también más estimulante. El cinco es cambio, curiosidad, evolución.

Y yo este año cumplo cincuenta.

50.

Aún me dura el desasosiego de hace doce años, pero necesito triturarlo y dejarlo atrás. Tengo muchas ganas de cruzar de década. Y esta madrugada, recién estrenado el año, el cielo me lo ha dejado claro. Despliega las alas, anda, ya de una vez. Este año sí.

Y a las señales, ya sabes, hay que hacerles caso.

¿Me cuentas tú?

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