Mes de las flores

Mes de las flores

13 de Mayo de 2022

Mes de Mayo, el mes de las flores. Así lo decían las monjas de mi colegio, y no sé por qué me he acordado de ellas, porque las flores me encantan, pero no es una asociación que, precisamente, suela hacer. La verdad es que era un mes muy bonito en el cole y supongo que intentaban mantenernos todo el tiempo posible en el candor de la infancia, antes de que salir al mundo nos ensuciase sin remedio la pureza. Qué cosas, que me venga a la cabeza todo aquello, precisamente ahora; la capilla pequeña, llena de ramos de todos los colores que dejaban una fragancia dulzona por la que había que abrir las ventanas, muchos de ellos salidos del jardín de mi casa, que mi madre cuidaba con esmero y sacrificio, hasta que un día soltó no quiero más plantas, son una esclavitud, y mucho después comprendí que las pobres flores sólo eran un eslabón más de tantas ataduras.

Por supuesto, a mí no se me dan bien, o mejor dicho, siento la punzada de la obligación: son seres vivos fijos en un espacio que obligan a que siempre tengas que estar ahí, diariamente, a que no puedas moverte, y me empieza a entrar el agobio de la atadura. Las cuatro macetas de la cocina me miran, tristonas, recriminándome que cada semana tenga que volver a mirar cuánta agua necesitan y si tengo que moverlas a la sombra. ¿Cómo voy a tener un frondoso jardín vertical en la terraza, con plantas medicinales que cuiden mi cuerpo y flores que mimen mi alma? Todo eso pienso mientras camino por la Ronda Este y respiro hondo para llevarme a casa los jardines que alguien está ahora mismo cuidando por mí, segando la hierba húmeda de la mañana y podando los árboles, con su uniforme azul y naranja. No sé si estos jardineros envidian a los hombres trajeados que pasan a su lado con corbata. Igual no se imaginan que los otros puedan desear estar toda la mañana al sol y al aire libre, en vez de encerrarse en una oficina rodeados de archivadores de contabilidad. Hay trabajos con poco prestigio social que deberían estar valorados como la joya que son. El que sí lo valora es Surya, feliz de corretear entre las montañas de césped recién cortado, revolcándose entre las ramas apiladas antes de correr tras de mí en la bici.

El que me recuerda cada día la felicidad enorme de las cosas pequeñas.

Surya i jo. Sempre junts
¿Me cuentas tú?

Escribe un comentario