Mi suerte eres tú

Mi suerte eres tú

Relato de la semana para Creativos Enredados. Pista: yo no quiero suerte, yo te tengo a ti

20 de Enero de 2023

Llegaron a la pastelería despacio, cogidas del brazo, como siempre iban por la calle, acompasando el andar y la conversación en el disfrute lento cada vez más obligado, aunque ninguna de las dos quisiera reconocerlo, y se echaron a reír, suspirando.

Este año tampoco nos ha tocado nada, dijo ella, encogiéndose de hombros, ni la pedrea, hay que ver, toda la vida jugando y no hay manera, con la ilusión que me haría ir a la administración con una botella de cava y darles un buen abrazo a todos, y ya si eso hasta salir en la tele, y se rieron las dos, te imaginas…yo un batido de vainilla y una sacher, por favor, y yo, apuntó la mayor, un café con leche y un helado de turrón, con galleta, y después ya veré, si quiero algo más, y volvieron a reírse, como dos niñas traviesas los sábados por la tarde, cuando salían al centro a ver escaparates, y probaban cada semana una cafetería distinta y habían convertido ese rato en un ritual para terminar la semana que no sustituían por ningún otro plan, y menos ahora, justo antes de esa operación que las dos sabían que iba a marcar el principio del final.

Ninguna de las dos lo dijo, pero las dos lo pensaron, mientras ella procuraba distraer la preocupación parloteando de lo que haría con el premio cuando le tocara, una parte para la hipoteca y la otra para gastárnoslo en viajes, te llevaré a Viena, que siempre has querido ir, y nos pasaremos quince días allí, probando todas las tartas, qué te parece, y su madre la miraba y sonreía, en silencio, sabiendo que nunca lo harían, que nunca estarían en esos sitios que veían juntas en los documentales con los que volaban sin salir de casa cada tarde, cuando ella pasaba a verla, a merendar y revisarle las pastillas y echar un vistazo a la despensa, y de repente le cogió la mano y la interrumpió, diciéndole bajito, a mí ya me ha tocado la lotería, y no quiero otra suerte, porque te tengo a ti, y ésa es la más grande de todas, y ella no dijo nada, pero apretándole la mano, supo que no podría volver a entrar en aquella pastelería.  

¿Me cuentas tú?

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