Octubre de luna azul

Octubre de luna azul

31 de Octubre de 2020. Noche de ánimas

Els quatre elements, sempre presents als rituals. L’incens per l’Aire, l’espelma pel Foc, la copa per l’Aigua i els minerals per la Terra.

Enciendo las velas y prendo un incienso. Hay luna llena. Octubre acaba exactamente igual como empezó.

En el mes de lo sobrenatural, del misterio de lo que no se comprende, lo que más se teme y a la vez fascina, la misma luna naranja y poderosa surgía del mar el primer día y el último, envolviendo mi mes y cargándolo, aún más, de simbolismo.

Justo este año, extraño y revuelto, de fin de ciclo y principio de todo.

El día 4 fue mi cumpleaños.

Con el amanecer oliendo a café y disfrutando del silencio sin prisa, saqué la leche, los huevos, la harina, todo lo que necesitaba para hacerme un pastel.  Mientras, en el piso de abajo, mi padre se estaba muriendo.

La mermelada era roja, como los frutos de los bosques del otoño que empezaba, como la vida que yo sentía por dentro, aunque la muerte estuviese tan cerca.

Es hipnótico remover despacio el chocolate. Huele a ser pequeña, a untar el dedo en la cuchara de madera, a no tener problemas, ni cargas, ni obligaciones.

Sin invitados, pero con el mantel bordado. Sin música, pero con la copa de los días especiales. Sin amargura, pero con reverencia. Sin miedo, pero alerta. Celebrar la vida respetando la muerte. Qué raro todo.

Mi padre se apagaba tres días después.

El día 7.

El mismo día que mi madre, hace nueve años.

Siete.

Mi balanza aún lo está procesando.

Esta es la cosecha que me deja Octubre, mes de rituales y calderos, de preparación para la etapa oscura que empieza mañana. Vaciar cajones, tirar el colchón, donar la ropa, llevar los medicamentos a reciclar, ir dejando el hogar desnudo como el invierno que llega y que se desprende de lo que ya no necesita, como estoy haciendo yo.

Que se congela y muere, para renacer en primavera, lleno de fuerza.

Embalar los recuerdos, con pegatinas que pone frágil para proteger mi corazón.

No se acaba la infancia hasta que te encuentras, un día, paseando despacio el piso vacío de los padres.

La lápida está limpia y sus fotos puestas. Ellos dentro y yo fuera. La muerte que me da tanta ansia de estar viva: ésa es la extraña magia en la noche de ánimas de este Octubre de luna azul, en el que daba cuarenta y siete vueltas al Sol.

La platja de Nules. La seva.
¿Me cuentas tú?

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