16 Mar Parece ciencia ficción
14 de Marzo de 2020. Primer dia de cuarentena
Hoy a las 12 una mascletá debía inaugurar la semana grande de Castelló, y este año con más jolgorio aún de lo normal, porque se conmemoraba el 75 aniversario de las fiestas que remiten a su fundación, en 1251, por el rey Jaime I. Pero, al final, después de varias semanas de incertidumbre, y viéndolo venir, la única corona de la que estamos pendientes es la del virus que también tiene paralizado a medio mundo.
Lo tenía todo preparado para enseñarte la ciudad en su esencia más auténtica. Llena de gente, porque la Magdalena significa, sobre todo, calle: salir pronto, volver muy tarde y sentarse poco. Ibas a verla a través de un telón nublado, porque es imposible entenderla sin el humo de los cohetes, las tracas y los fuegos artificiales. Hubiera intentado transmitirte los olores que contagian alegría: a vino (mucho), cerveza (más), arroces y tapeo, food trucks con sabores de otros países y feriantes con el género desplegado en sus puestos; lo que se come -quesos, embutidos, especias- y lo que no -jabones, perfumes, inciensos-. Escenarios cortando avenidas y callejones, desfiles con templarios a caballo, moros desafiantes, bailarinas, piratas y pregoneros, cañas con cintas verdes atadas, trajes tradicionales con todas sus horas de exquisito trabajo.
Otro año será.
La única foto que he hecho ha sido a los estantes vacíos del súper, entre los empujones de la gente, mientras pensaba que igual ahora nos da por entender un poco -probar, al menos- lo que debe ser el miedo, la incertidumbre, la escasez, el vértigo de comprobar que, en realidad, no controlamos casi nada. Pensar por un momento lo que debe ser la penuria, la rabia, la desesperación que hace escapar, perdiéndolo todo, con tal de no perder lo único que importa.
¿Cómo seríamos si nos hubiera tocado ser otros?
A mediodía han tenido que cerrar las terrazas, a tope de gente que se ha venido en plan puente, y acordonar las playas.
Qué país.
Después de un día pegada a las noticias, cuando los italianos me habían puesto los pelos de punta con sus panderetas en los balcones, una dulzaina me ha devuelto un poquito de fe. La música ha echado a volar también aquí, entre la nostalgia y las ganas de fiesta que se han ido contagiando por los terrados. Cuando el día ha acabado con un aplauso desde las ventanas y la emoción se ha propagado como una mascletá, la ciudad ha sabido que no va a sentirse sola.
Y cuando empezábamos a poder respirar, una bomba invisible nos está asfixiando de nuevo, pulverizando el alivio con el que habíamos empezado el 2020. Como en una película de ciencia ficción -de esas que ves tranquilamente porque no contemplas que pueda ser un guión real-, a principios de Enero se detectaba un tipo de coronavirus en China, allá lejos, donde siempre nos parece que pasan estas cosas. Antes de acabar el mes la OMS declaraba emergencia mundial por Covid-19 y en este momento hay decretada pandemia global, con la obligación de confinamiento de la población ante el colapso de los sistemas de salud. Ya ves, este año empezaba con una escapada a Madrid para soñar con viajes y hoy estrenamos esta reclusión con estupor. No pasa nada, sea donde sea y como sea, lo que importa es seguir escribiendo…
¿Me cuentas tú?