Salir a encontrarte

Salir a encontrarte

7 de Octubre de 2024

Me miro con calma en el espejo del baño, y observo cada huella que el tiempo ha surcado en mí desde la última vez que nos vimos. Han pasado veinte años desde que me dijiste, aquella tarde de primavera, que probablemente estaba en mi mejor momento, refiriéndote a mi cuerpo mientras lo recorrías despacio con la mirada antes de hacerlo también con la yema de tus dedos. Me reí con esa risa que sólo tienes cuando eres joven, poderosa e ingenua, todo a la vez, porque pensaba de verdad que siempre sería como entonces: que tendría eternamente aquella piel morena, aquel pelo frondoso, aquella cintura vibrante que te cabía entre las manos. Creía, con la alegría de una despreocupación que no he vuelto a tener jamás, que aquel instante, tan luminoso y lleno de color como la tarde que brillaba fuera de la penumbra del hotel, duraría para siempre, y no se me pasaba por la cabeza que la vida excitante que sin duda me esperaba, acabara resultando esta apisonadora que me ha dejado así.

         Por fuera y por dentro.

         Contemplo lo que tú ya no vas a volver a ver. Empiezo a untar de crema este cuerpo de señora que cuido con mimo porque necesito que se mantenga en condiciones el máximo tiempo posible. Me da vergüenza admitir que me detengo en la cara más de lo normal y me enfado cuando me tiembla el pulso al maquillarme. Resoplo. Quiero parecerte atractiva, no, qué coño, quiero estar arrebatadora esta noche, para que te pases la cena lamentando no haber valorado el potencial brutal de nuestra historia, que era como tantas, ahora lo comprendo, pero para mí fue única.

         Esta noche quiero conseguir que me confieses, con las copas suficientes y en voz baja, cuánto te arrepientes de haberme dejado.

         Guardo cada pieza de lencería que me regalaste, pero no puedo adularte hoy con ella, enseñándotela con disimulo, porque ya no me cabe. Llevo una nueva, serena y firme, como soy yo ahora. Aquel perfume sí, lo he encontrado y vuelvo a empaparme con él para que al darme dos besos formales te deje noqueado la nostalgia. Me pongo todo lo que he escogido con cuidado y en el último vistazo el espejo me devuelve, de repente, una certeza, inmensa y lúcida.

         Sé qué te responderé si me preguntas por volver.

         Y ahora sí.

         Ya puedo salir a encontrarte.    

¿Me cuentas tú?

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