30 May Sí era primavera
30 de Mayo de 2020
Abrir los armarios con el café en la mano, y calcular.
Las trolleys para la ropa: de deporte, bastante; de estar en casa, lo que más. Un par de cosas para cuando haya que bajar a la civilización. Las bolsas de playa, con esperanza. Las mochilas pequeñas, para excursiones cortas, con ansiedad.
Mirar la maleta grande con nostalgia, y pensar que lleva guardada demasiado tiempo.
Añadir algún suéter, porque allí, las noches son frías. Si queda alguna tormenta más, todavía podré, incluso, encender la chimenea.
Empezar a doblar, meter el calzado en bolsas de plástico, preparar los neceseres. Hay de todo, pero como no he ido desde Febrero, este año se me multiplican los por si acaso.
Vaciar la nevera, cerrar bien lo que está a mitad, atar las bolsas para que no se salga. Desconectarla.
Arrasar la despensa para no tener que comprar en los primeros días. Dejarla limpia.
Con lo que ha llovido estos meses, seguro que las hierbas están descontroladas, y hay un montón de ranas en la alberca. Habrá que recoger leña y apilarla.
El ordenador, los libros, unas carpetas, una bolsa con folios usados que aún se pueden gastar por la otra cara. Dos paquetes nuevos.
Bajar a medias las persianas.
Las ardillas deben estar preguntándose dónde me he metido todo este tiempo.
Echar un último vistazo.
No he de cambiar de provincia, pero este año me siento como si fuera a cambiar de planeta.
Bajar uno a uno los bultos, ir dejándolos en el maletero. Proponerme, como cada vez, que ha de caber todo en un solo viaje. De repente, en el último momento, coger también la guitarra.
Saber que va a ser un verano largo de tiempo lento.
Arrastrarme por debajo de la cama para alcanzar a los gatos, que saben que hay traslado y, como siempre, se amotinan. Cogerlos primero a uno, luego a la otra, aullando sin parar desde que consigo arrancármelos de la ropa –y del pelo– hasta que les saco del transportín, un rato después. Todo el viaje. Sin parar.
Coger el coche por primera vez en dos meses y medio y tener miedo de que no arranque, y sentir euforia cuando lo hace, como si me estuviera escapando de algo. Saber que me estoy escapando de algo. Tener la sensación de que veo la autovía por primera vez. Y el paisaje. Y las nubes. Tener la percepción absurda de que los colores son más fuertes. De que el aire está más limpio. De que veo lo de siempre como si fuera nuevo.
Mirar las mascarillas andantes con extrañeza. Comprobar que llevo la mía.
Coger más fuerte el volante cuando me cruzo con la policía. Ir más despacio. Ir con cuidado, sin explicarme exactamente por qué.
Fantasear con llenar el depósito y no parar.
Llegar, y que mi refugio en la montaña me dé este recibimiento.
Sí, aunque me la haya saltado, sí era primavera.




¿Me cuentas tú?