04 Oct ¿Invisible?
4 de Octubre de 2022. Mi cumpleaños
El agua ya está puesta a calentar. Pero hoy, además, he encendido la vela de la entrada y la lámpara de sal. Hoy doy otra vuelta más al Sol.
Son las seis de la mañana, el rato que me regalo antes de que arranque el día, pero, en vez de estirar, voy a hacerme un pastel. Aquí, junto al teclado, tengo la viejísima libreta con las recetas de mi madre. Necesito su coca de limón este año, hacerla a mano, viendo su letra paso a paso.
Cumplir un 9 te asoma sin remedio al precipicio de saber que, al siguiente, llega una década más. Esta ha sido tan horrorosa que tengo hasta ganas, pero no dejo de reconocer el vértigo. Mucho.
Hace ya tiempo que, según los estándares de esta sociedad absurda, soy invisible. Hace ya tiempo que dejé de correr y me hice a un lado, viendo adelantarme clones de mí misma que aún no saben que corren hacia ninguna parte. Cuánto esfuerzo intentando abarcar un todo imposible: imposible de tanto, imposible de perfecto. Ojalá se den cuenta a tiempo, porque el trueque es cruel: hay cosas que sólo las descubres cuando tus años más fuertes -físicamente hablando- han quedado atrás. No sabes que esa energía desbordante, como un volcán incontenible, no es infinita, y que se llora amargamente cuando se ha desperdiciado sin canalizarla bien.
Ahora, hace tiempo que mi mente y mi cuerpo están reajustándose, conociéndose de nuevo, porque son dos extraños obligados de repente a convivir y, sin embargo, aún me reconozco en el espejo, aún distingo un destello, allá en el fondo de mis ojos, de la niña de diez años que escribía en su diario junto al fuego de la chimenea.
Hace ya tiempo que estoy parada, observando muy quieta cómo la vorágine sigue girando a mi alrededor, mientras procuro frenar el tiempo que se escapa, haciendo lo imposible para estirarlo, para que cunda, para saborearlo, para disfrutar este sentido nuevo que le encuentro, que a veces da miedo pero también adrenalina.
Ya sólo le doy explicaciones al gestor fiscal.
Hace tiempo que soy invisible y ya sabes lo que pasa cuando algo no se ve. Mira con descaro, danza sin miedo, ríe con ganas, respira hondo, retoza al sol.
Es libre.

Mónica
Posted at 22:41h, 12 noviembreTienes toda la razón. Mil gracias por tus palabras.
Mónica
Posted at 20:24h, 10 noviembreYo soy de esas que trata de llegar a todo, siempre corriendo a ninguna parte. Debería leer este post, al menos, una vez por semana y pararme a pensar. Me cuesta mucho frenar, siempre embalada en todos los sentidos porque siento que se me escapa el tiempo.
Qué absurdo…, gracias por hacerme reflexionar una vez más.
LabalanzadeSiete
Posted at 11:43h, 11 noviembreQuizá el secreto esté en la compensación que se encuentra con ello. Si lo que haces te llena y te hace feliz, y se te reconoce por quienes te importan, seguramente sí vale la pena el esfuerzo. Si nunca eres lo bastante perfecta, si nunca llegas a esas expectativas que han puesto en ti… mmmmm entonces sí hay que replantearse las cosas…y focalizar todo ese esfuerzo en lo que realmente es para ti. Y primero, claro, hay que averiguarlo. Un abrazo