Volver a mirar

Volver a mirar

Relato de la semana para Creativos en Otoño. Pista: «El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados». Albert Einstein

3 de Noviembre de 2023

-¿Cuánto tiempo piensas seguir así?

Ella se tapó con la sábana, arrebujándose fuerte para que su amiga no pudiera arrancársela de un tirón, como la última vez. Qué barbaridad, la oyó protestar, qué horror, pero abre las ventanas, deja que entre el sol, hay que ventilar esto, bueno, hay que ventilar tantas cosas en esta casa…y fue identificando los ruidos: el trallazo de las persianas al subir, los cristales abriéndose, su amiga respirando hondo, no pienso razonar contigo porque no se puede, no estás en condiciones, pero esto se tiene que acabar, y se acaba hoy. Oyó el taconeo airado hasta la entrada y luego unos pasos suaves en dirección a la cocina. Se ha traído las zapatillas, dedujo, y eso quiere decir que se va a quedar todo el fin de semana, no, por dios, no quiero estar con nadie, ni ver a nadie, ni hablar con nadie, ni…

Le llegó el olor del café y, muy a su pesar, apartó el edredón para respirarlo, porque no quería reconocer que le apetecía, y que no recordaba cuándo había comido por última vez, y miró su habitación, que llevaba mucho tiempo a oscuras: tanto como ella. La ropa que se había puesto aquel día aún estaba tirada sobre el sillón, y alrededor de la cama, los pañuelos de papel habían formado una alfombra. No puedo con mi alma, pensó, y aún menos con mi vida, y su amiga entró en la habitación, con una bandeja rebosante de bollos, churros y nata montada. Después va el vino, que también he traído, le comentó con la boca llena, pero primero el café, que te despeje esa pinta que tienes, y ella empezó a lloriquear otra vez, tú no sabes lo que es esto, le dijo, todo lo que he pasado estos últimos años me ha caído encima, así de golpe, y es que no puedo, tú crees que no lo intento pero de verdad que no puedo, y su amiga, de repente, la sacó de la cama a rastras al balcón, que se extendía, infinito, sobre la playa.

Sólo tienes que abrir los ojos, le susurró, abrazándola. No es verdad que el tiempo lo cura todo, pero sí es verdad que nada dura siempre. La depresión tampoco. Y las ganas de vivir vuelven, despacito y suaves, como las cosas pequeñas, que nos acostumbramos tanto a ellas que no nos damos cuenta de lo grandes que son. Como esas olas, que acabarán meciéndote otra vez.

¿Me cuentas tú?

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